Por: Redacción.
Ya nos acercamos a la temporada navideña. En los hogares mexicanos ya empiezan los planes para celebrar esta época del año en que las familias se reúnen para intercambiar momentos felices, comida y regalos. Una parte que no puede faltar en estas fechas, son nuestras tradiciones navideñas. Aunque parecen costumbres de toda la vida, muchas de ellas tienen una historia sorprendente que mezcla culturas indígenas, influencia europea y creatividad mexicana.
Iniciemos con las posadas, que se celebran del 16 al 24 de diciembre y son parte esencial de la Navidad mexicana. Su origen se remonta al año 1586, cuando los frailes del Convento de Acolman empezaron a hacer “Misas de Aguinaldo” para reemplazar las celebraciones indígenas dedicadas al dios Huitzilopochtli.
Con el tiempo, estas misas se transformaron: pasaron de ser un rito religioso a una fiesta comunitaria con velas, cantos y peregrinaciones que representaban el camino de María y José buscando posada. Hoy, las posadas siguen teniendo elementos tradicionales, pero también se han convertido en reuniones con amigos y familia donde el ponche, los buñuelos, la música y, claro, la piñata.
Al respecto, el historiador y catedrático de nuestra facultad, el doctor Carlos Recio Dávila, menciona que las tradiciones se han mantenido más fielmente en algunas regiones o zonas. Sin embargo, asegura que la palabra «posada» ha cambiado semánticamente porque hoy en día se entiende como una cena, reunión de amigos o, incluso, borrachera, sin relación alguna con las tradiciones originales.
«La posada tradicional saltillense es muy semejante a la que se celebra en todo el país: la mitad de la familia se pone afuera de la puerta de la casa y los demás se colocan adentro, para entonar los cánticos tradicionales para pedir posada, haciendo alusión al peregrinar de José y María en busca de un lugar donde descansar», agregó.
Otra gran tradición de nuestro país son las piñatas. Contrario a lo que se puede pensar, éstas no son originarias de México. Su origen está en China, donde se usaban en rituales para atraer buenas cosechas. De ahí pasaron a Europa y, más tarde, a México con los misioneros españoles.
«En el Saltillo de los años 60’s y 70’s se seguía la tradición de romper piñatas, que, en ese entonces, eran jarros recubiertos de papel. Al interior de las piñatas se colocaban naranjas, colaciones y cacahuates con cáscara. El romper la piñata, significaba destruir los pecados y recibir la recompensa, que eran las golosinas que salían del interior», explicó el también experto en semiótica.
Pero los mexicanos hicimos algo muy propio: convertirlas en un símbolo de fiesta, no solo religioso. Hoy hay piñatas tradicionales, pero también piñatas de personajes del cine, memes, caricaturas, superhéroes, personajes políticos, alebrijes y hasta de objetos, como latas de cerveza.
En los hogares mexicanos se sigue la tradición de poner el nacimiento. En México, los frailes lo usaron para explicar la historia del nacimiento de Jesús a los pueblos indígenas. Con el tiempo, los artesanos mexicanos comenzaron a hacer sus propias figuritas, agregando elementos locales: pastores con rebozo, cazuelas de barro, animales del campo e incluso figuras modernas como doctores o vendedores.
En muchas casas el Niño Dios se coloca hasta la noche del 24 y se “arrulla”, una tradición llena de significado.
México tomó influencias de distintos lugares y las transformó en algo único. Las posadas, las piñatas y los nacimientos no son solo actividades navideñas: son parte de nuestra historia y nos conectan con lo que somos como comunidad.
La próxima vez que estés pidiendo posada, rompiendo la piñata o acomodando el nacimiento, recuerda: estás siendo parte de una tradición que lleva siglos celebrándose, pero que sigue viva gracias a nosotros.
Quienes hacemos Portaoz, te deseamos la mejor de las navidades junto a los seres que amas.



